Ya está aquí el «Coronavirus«, virus que tiene nombre de realeza, aunque en realidad recibe el nombre por el subtipo de virus, basado en su forma, con una estructura en forma de corona alrededor de la envoltura. Una envoltura que guarda una cadena de ARN, lo cual produce importantes mutaciones en su estructura, como ocurre con retrovirus como el de la gripe.
Precisamente es una de esas mutaciones la que ha permitido pasar de animales a seres humanos, y ser contagioso de unos humanos a otros. Vamos a comentar brevemente este fenómeno, que era esperado por casi toda la comunidad científica. Y no será el último, desgraciadamente.
De los creadores de «Europa es el demonio», del guionista de «Europa caerá en llamas cuando la abandonemos» y del protagonista de «ahora crearemos un nuevo Imperio», llega a todos los cines: «Brexit II: la venganza del brexiter». Un grupo heroico de patriotas británicos luchan encarnizadamente por liberar al Reino Unido de las manos de la malévola e imperialista Unión Europea. Para ello cuentan con la ayuda del benefactor Putin, el carismático Donald Trump, y el oscuro y poderoso Xi Jinping. No se pierda el desenlace el próximo 1 de febrero de 2020. Y la tercera parte y final llegará para el 1 de enero de 2021: «Brexit III: vamos a morir todos».
Bueno bueno, después de esta pequeña broma, la verdad es que todo llega en la vida, incluso el fatídico Brexit, la separación del Reino Unido de las estructuras de la Unión Europa. Pocas veces en mi vida he visto tal cantidad de falacias, mentiras, distorsiones, engaños, y manipulaciones por parte de un gobierno a un pueblo como el de los tres gobiernos conservadores británicos hacia sus votantes. Primero, con la manipulación de 2016, y, desde entonces, con toda esa parafernalia de palabras que mezclan «Imperio», «Commonwealth», con injurias a la Unión Europea, tachándola básicamente de una corporación corrupta y viciada.
La entrada corta y la frase de la semana es para Mary Wollstonecraft (27 de abril de 1759-10 de septiembre de 1797), filósofa y escritora inglesa. Es curioso cómo parece que la reivindicación de la mujer actual para ser libre e igual al hombre es algo moderno y de las últimas décadas. En realidad, la mujer lleva muchos siglos buscando esa igualdad, con muy poco éxito en general.
Todavía hoy vemos constantemente el sometimiento de la mujer a muchas reglas que la inhiben de tener las mismas oportunidades que el hombre en todos los ámbitos. Yo he sido testigo directo de diversas situaciones que lo atestiguan a lo largo de mi vida.
Esta es una entrada introspectiva, de reflexión y de perdón, sin más búsqueda que la de la verdad de aquello que más tememos: no ser honestos con nosotros mismos. Si sigue leyendo, está advertido de ello.
¿Nos gusta hacer daño? ¡No! Por supuesto que no. Somos personas serias, sensatas, decentes, honestas, educadas, respetuosas… Ciertamente, casi todos decimos eso de nosotros mismos. Y no es que no sea verdad. Creemos que es verdad. Pero, ¿actuamos siempre tan limpiamente en la vida? ¿Somos realmente tan honestos, tan perfectos? ¿Es siempre la culpa de un tercero? En definitiva: ¿hacemos siempre examen de conciencia de nuestros errores?
Nota: un ejemplo de hasta dónde se puede llegar en este enlace.
He hablado en anteriores ocasiones de cómo las ciencias físicas se encuentran en un impasse desde que se llevaron a cabo los enormes progresos en física cuántica y relatividad de la primera mitad del siglo XX, y las confirmaciones experimentales de muchos aspectos no aclarados, así como el descubrimiento de nuevas partículas y su naturaleza, en la segunda mitad del siglo XX. El último éxito es sin duda el famoso bosón de Higgs, la mal llamada partícula de Dios. También algunos fermiones y bosones que entran dentro de lo que se conoce como la Teoría Estándar, aquella que explica la naturaleza actual de la ciencia básica en física.
Pero la situación actual empieza a ser realmente preocupante. Sigo con interés varias páginas de ciencias físicas en distintos medios y en redes sociales, y es alarmante el número de teorías que por semana invaden la red con extrañas, cuando no absurdas, propuestas para encontrar nuevos caminos para la física. Algunas de esas propuestas las lanzan, sin miedo ni tapujos, gentes que no tienen ni la más remota idea de física, tanto es así que hasta yo me doy cuenta de la inexactitud de sus postulados, que no soy físico.
Más preocupante son las teorías que lanzan algunas revistas, se supone que serias y prestigiosas, para cubrir la falta de conocimientos con ideas peregrinas que no van, casi nunca, a abrir puerta alguna. Pero se publican porque algo hay que publicar. Y las redes, y las revistas, se llenan de ideas y más ideas sin base alguna, muchas veces con explicaciones que echan por el suelo décadas de datos experimentales perfectamente confirmados. Si se niega la realidad de los hechos y las pruebas, ¿qué nos queda? Caos y pseudociencias por supuesto.
Por fin he podido ver la película «Ad Astra«, con Brad Pitt como papel principal en una extraña misión para buscar a su padre. Como ocurre con este tipo de películas, con un alto contenido de búsqueda interior de respuestas a preguntas que ni siquiera podemos llegar a plantearnos abiertamente, las críticas se han dividido en dos: o es muy buena, o es muy mala.
Vamos a ver. Si lo que se quiere es una nueva película de la Marvel o de Star Wars es evidente que va a defraudar. «Ad Astra» es pura ciencia ficción, y busca plantear cuestiones filosóficas profundas y de diverso calado. Que lo consiga o no, eso dependerá de cada uno y de los gustos personales. Pero es evidente que la película quiere transmitir un mensaje, y ese mensaje tiene un medio: ciencia ficción profunda y meditada.
Este fragmento pertenece al inicio del segundo libro de «La leyenda de Darwan II: La ira de Freyja». Ambientado en un lejano futuro, cuando la Tierra es solo un resto ardiente frente a un Sol moribundo. La humanidad se había extinguido. Pero ha vuelto, por razones que se explican en el primer libro.
Después de los sucesos del primer libro, en esta segunda parte opté por empezar a aclarar todos los aspectos que habían quedado pendientes en la primera parte, así como desarrollar los conceptos planteados.
El fin de una civilización por mano de ser humano es algo que hemos visto muchas veces, quizás demasiadas. Se hace ostensible que el homo sapiens sapiens acabó con otras especies humanas, como los Neardenthalis, y sí, es cierto que tenemos sus genes, pero también es cierto que hay muestras de cómo su número decreció claramente cuando aparecimos nosotros.
Actualmente el trabajo de la especie humana es acabar con miles de especies todos los años, y ya aparecen las primeras víctimas de 2020. Estamos arrasando con todo, ayer vi una foto de un cazador con un oso polar ensangrentado y muerto en la nieve, mientras el cazador posaba orgulloso. Estamos destruyendo toda vida en la Tierra. Estamos condenando nuestro futuro, el futuro de nuestros hijos y nietos. Y quienes pueden actuar no hacen nada, excepto hablar y hablar, sin llegar a nada.
Quiera el destino que esta pesadilla de horror y muerte acabe pronto, y surja, quizás, una nueva humanidad más avanzada, más solidaria, más humana. Por nuestro futuro. Por el futuro de todas las especies, por favor, que termine ya esta locura de destrucción. Por un mundo solidario. Por un mundo para todos. Demos una oportunidad a la Tierra. Porque eso nos dará una oportunidad a todos. Muchas gracias.
La senda está llena del dolor de nuestros antepasados,
de la sangre de nuestro presente que muere,
y de un futuro incierto que todo el mundo llora y teme.
Pero nos alzaremos con la fuerza
que nace de nuestros sueños,
y reclamaremos lo que es nuestro.
Un lugar donde encontrar esperanza
y donde crear un mundo nuevo
partiendo de cero.
Un mundo nuevo, un mundo bueno,
un mundo donde todos tengan cabida.
Porque mientras un solo ser humano sea esclavo
todos seremos esclavos.
Y, mientras un solo ser padezca sed de justicia
todos viviremos ahogados en el frío del odio.
Un mundo nuevo. Un mundo bueno.
Un mundo de paz eterno.
Se sorprenderán del título que contiene esta nueva entrada, y la explicación viene a continuación. Está relacionada con la entrada anterior «Second Avatar, la nueva revolución de Google», y es que se trataba de una pequeña broma por el día de los Santos Inocentes.
La idea de «Second Avatar» no es de Google sino mía, y Google no ha ideado, todavía, ningún sistema de inteligencia artificial que nos sustituya. El periódico donde aparece la noticia es una manipulación que he preparado, también el logo, y el texto del Whatsapp es de nuevo una manipulación.
Todo ello con la sola idea de hacer una pequeña broma, y espero y deseo con toda sinceridad que no les haya molestado. Al fin y al cabo, el futuro se muestra realmente complejo en cuanto a los sistemas de inteligencia artificial se refiere. Porque, ¿sería posible algo como «Second Avatar»?
Google lo sabe casi todo de nosotros. Y lo que no sabe lo conocerá dentro de poco tiempo. Nuestros gustos, nuestros sueños, nuestras emociones, todo está integrado en sus sistemas, gracias a la interacción constante que hacemos con sus servicios. Eso incluye las búsquedas, nuestra interacción con otros servicios, incluso el movimiento del ratón da información de qué queremos y cómo lo queremos.
Nada se le escapa a Google, y sus algoritmos de inteligencia artificial son cada vez más sofisticados, para ofrecernos todo ese mundo de oportunidades que ni siquiera nosotros sabemos que necesitamos y anhelamos.
Pero Google es una empresa ambiciosa, y lo ha demostrado muchas veces. Siempre va un paso por delante de los demás, a veces dos pasos. Y ahora nos lo demuestra con su nuevo producto: Second Avatar.
Los periódicos ya se hacen eco de Second Avatar, el nuevo hito de la IA.
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