La frase de la semana nos la trae Dwight David «Ike» Eisenhower (Denison, Texas, 14 de octubre de 1890-Washington D. C., 28 de marzo de 1969), que fue comandante de las fuerzas de invasión en Europa durante la segunda guerra mundial, y luego el 34º presidente de Estados Unidos.
«Ike» como se le conocía popularmente, era un hombre del partido republicano, el mismo partido de Donald Trump. Y hasta ahí llega el parecido entre ambos.
«Ángeles de Helheim» es sin duda una de las obras más oscuras que he escrito. Su naturaleza es la ciencia ficción, sin duda, y es sobre todo novela negra. Y así ha de leerse. Ambientada principalmente en Argentina, Venezuela, e Italia, explica el origen de uno de los personajes de «La leyenda de Darwan», Vasyl Pavlov, cuando suceden unos hechos en su vida que le cambiarán para siempre.
Además, en esta novela podemos conocer el origen de Sandra, y por qué su naturaleza es tan especial y compleja.
En esta escena, Pavlov, y una oficial de la policía federal de Argentina, Irina Musilova, parten para Aviano, Italia, donde deberán buscar a Rachel, la cuñada de Pavlov, que ha desaparecido secuestrada por un cártel responsable de varios asesinatos en la zona del sur de Buenos Aires…
Ayer mantuve una acalorada discusión con un familiar sobre mi retirada de las redes sociales. Es normal, todavía existe alguien que se preocupa por que mi estado mental no termine por convertirme en un paranoico asesino esquizoide psicópata. Y eso que hace semanas que no salgo con el hacha para descuartizar a jóvenes despistados, que han ido de excursión a la montaña solitaria un fin de semana.
Pero hablando en serio, la cosa terminó en empate: yo no me conectaré más a las redes sociales, algo que me he prohibido (Facebook, Twitter, Instagram) excepto con las cuentas profesionales para el trabajo. A cambio, seguiré en Bloguers.net, porque, tras un intenso combate de cuchillos y sangre, convinimos que no es una red social al uso. Pero dejaré siempre, al final de cada entrada, un aviso:
«Vótame solo si has leído o vas a leer el artículo».
Nota 1: este artículo ha sido restaurado por un problema técnico que lo había dejado ilegible. Disculpen las molestias.
Nota2: en este texto ofrezco una versión personal y subjetiva de unos hechos actuales sobre un conflicto entre naciones. Pido perdón a quien considere que no soy objetivo. Y tendrá razón; no puedo ser objetivo. Son demasiadas sensaciones, recuerdos, y sentimientos, acumulados en mi corazón como para ignorarlos.
Observo con interés el enésimo enfrentamiento que se está produciendo en estos últimos días de agosto de 2020 entre Grecia y Turquía, en el que, una vez más, cada país expone sus razones para mostrar la bandera de sus armas y sus barcos de guerra, y cada uno de ellos explica por qué es el otro país el que amenaza e intenta una escalada bélica completamente absurda, a la que cada uno de ellos se opone por supuesto.
De hecho, enfrentamientos entre Turquía y Grecia se producen todos los años. Muchos no llegan a ser conocidos, pero los que seguimos ciertas fuentes militares somos conocedores de aquel avión derribado, del otro avión perseguido, o de algún barco amenazado, incluso abordado. Muchas de estas escaramuzas solo tienen una finalidad: probar el espíritu de combate y la resolución de la otra parte. “¿Responderá a mi incursión? ¿Hasta dónde llegará? ¿Puedo jugar al juego de los hechos consumados? ¿Qué apoyos tengo, y qué apoyos tiene la otra parte?”
Una flota de barcos de guerra turcos protege a un buque de prospección petrolífera en una zona que Turquía reclama para sí. La foto es propagandística; esta disposición de los barcos no es nunca usada en zonas de combate, sino para mostrar la bandera y dar sensación de poder.Continuar leyendo «Conflicto Grecia-Turquía; cuando mi corazón me pide que decida»
Año 2153. Yvette es una brillante ingeniera de motores relativistas, que fue contratada por la Titan Deep Space Company para un proyecto ultrasecreto en la luna Titán de Saturno. Allí se le presentará un descubrimiento que contempla una tecnología asombrosa jamás vista.
Las cosas se complicarán cuando Yvette y Robert estén a punto de morir, y sean salvados por una gigantesca nave estelar que, sin duda, no procede de la Tierra. Un ser llamado Deblar conminará a Yvette a que hable en nombre de la humanidad a toda la galaxia, a miles y miles de mundos, en una conferencia basada en una conexión mental directa con todos los habitantes de la galaxia.
Deberá estar en una cámara oscura, completamente desnuda, ya que debe mostrarse al universo tal y como es, sin ropas ni elementos artificiales que serían incomprensibles para miles de especies. Esa experiencia la deja agotada, exhausta, y mentalmente destrozada. Más tarde, tras acabar la conferencia, llegará Robert, que la encuentra en la cama, completamente desorientada…
En esta entrada corta de la semana quiero presentarles un vídeo del IFT muy interesante, y una reflexión sobre el mismo.
Estaba el otro día viendo otro interesantísimo vídeo del IFT (Instituto de Física Teórica), donde a uno de sus miembros lo acusaron más o menos de «hereje» por decir que, en esencia, la famosa fórmula de Einstein E=mc2 es errónea. ¿Cómo se atreve semejante mortal a contradecir a nuestro venerado e inmortal Einstein?
El mortal, un miembro de IFT, que es además físico del CERN de Ginebra, tomó buena nota de la acusación, y grabó un magnífico vídeo con no uno, sino seis errores de Albert Einstein. Y obtiene una conclusión: Einstein era un ser humano. Y se equivocó en algunas ocasiones. Eso no quita todo el gigantesco mérito de sus descubrimientos. Pero no era infalible. Como no lo es nadie.
Sigo con mi particular «desescalada» de todas las redes sociales. Solo quedan las que uso para temas de trabajo, que son para eso, y nada más. Y de momento una pequeña cuenta personal muy reciente en Twitter para algunos temas mínimos con una actividad muy esporádica.
Pero todo lo que tenía en Facebook, Twitter, e Instagram, está borrado. También he subido a Bloguers.net mi última entrada. Bloguers.net es, para quienes no lo sepan, una web fantástica donde los blogueros suben sus enlaces. Si la gente los vota van a portada. Además se pueden intercambiar enlaces en las redes sociales, y otras funciones interesantes.
Hoy voy a hablar de novela histórica, de su clasificación y estructura, y de un ejemplo real personal en el que se emplea la historia para introducir elementos novelados.
Antes que nada, agradecer a los lectores su interés en el anterior artículo sobre literatura erótica, que ha sido muy bien recibido por ustedes. En esta ocasión vamos con otro género, que es el de la novela histórica.
Y ustedes se preguntarán:
¿Qué diablos hace un escritor de ciencia ficción hablando de novela histórica?
Bueno, precisamente la novela histórica tiene algo de ciencia ficción, por cuanto introduce elementos no reales en una historia real. Si no fuese así no sería una novela, sería un ensayo sobre un hecho histórico. La novela histórica es un compendio de historia y de ficción, y bien ejecutada atraerá a miles y miles de lectores. Pero el precio a pagar es alto y puede ser un arma de doble filo, como veremos a continuación.
Vaya título, ¿eh? Sorprendente, cuando menos. Pero es cierto: es posible que yo hubiese votado a Hitler en 1933. Esta entrada sobre historia y política de la semana quiere hablar de ello. Quiere hablar de qué fácilmente caemos en los fanatismos, en el discurso rápido, en la demagogia, y en el lenguaje que nos dice lo que queremos oír.
Soy culpable. Todos somos culpables cuando aceptamos que la verdad es única y exclusivamente aquella que queremos oír. Y bloqueamos, insultamos, amenazamos, y desprestigiamos todo aquello que no represente nuestros valores…
De eso habla esta entrada. De cómo nos alzamos en una torre de la Verdad Absoluta que creemos indestructible, para comprobar luego que, en realidad, hemos caído en el más profundo de los agujeros de la perversión y la oscuridad.
Hoy vengo con un tema que surge una y otra vez cuando hablo con algunos familiares. Y es esa obsesión por «la posteridad» y por «el legado que todos dejamos». Un legado que, al parecer, tenemos que ofrecer como símbolo de nuestra existencia. Como si nuestra existencia efímera y momentánea en este planeta fuese a ser algo más que una pequeña gota de lluvia en un mar inmenso, donde cada nueva gota se funde y desaparece para siempre.
Sí, es cierto que sigo la filosofía existencialista de la generación del 98. Y sí, es cierto que autores como Pío Baroja y Unamuno modelaron mi mente. ¿Es eso un pecado? ¿Es una falta por la que deba ser juzgado? No. Es un signo de que toda existencia tiene un solo fin: la extinción. Y mientras no comprendamos este principio absoluto, no podremos entender la importancia de vivir cada momento de la vida.
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